Procrastinación en defensa propia




Fiestas familiares
Visitas al neumólogo para reducir mi tratamiento como asmática porque resulta que "igual" ni lo soy, después de diez años con diagnóstico crónico.
Desayunos eternos con mi marido.
Paseos. Por la playa, al rededor de un gran pantano, a la vera de la ría, sobre un acantilado... Paseos.
Mi 31 cumpleaños.
Nuevos, aunque conocidos, retos en hermosos parajes de mi Asturias.
El nacimiento de Noah y la felicidad contagiosa de su madre.

Hermosas bofetadas de realidad que me hacen sentir afortunada.

Ahora toca concentrarse de nuevo. Hacer de este verano el más productivo de mi vida y terminar mi web de autora para septiembre. Cómo no, los manuales para escritores principiantes y el compendio de reseñas, también deben estar terminados para entonces. Y, por supuesto, un blog de psicología para escritores porque, querido lector, falta nos hace... 

¿Lo conseguiré?

De momento, pienso seguir procrastinando. La realidad me ha dado la excusa perfecta, esta semana me he dedicado a disfrutar de la política y discutir con aquellos que piensan que no ir a votar es un acto responsable. Y, debo reconocer, que también me he regodeado con aquellos que en 2011 me decían  "yo voto azul porque si al empresario le va bien, al trabajador le va bien", luego se dieron de bruces con la reforma laboral y ahora, por suerte, su opinión ha cambiado. Me parece bien, nuestras opiniones cambian. También he disfrutado de lo lindo siguiendo de cerca el Brexit y sus consecuencias, disfrutando del artículo de El País y recordando este que escribí en 2012. Perdón, pero es que me da la risa floja al verlo con tanta distancia.


El mundo gira y la rueda de la fortuna a veces nos aturde. Si solo la miras a ella, con tanta vuelta, acabarás mareado. A veces hay que dar un paso atrás y tomar distancia. Verlo todo con perspectiva. Procrastinar para irse fuera del aro y observar con otra perspectiva.

Sequía mental, charlas TED y por qué no quiero ser agua.




Quiero que recrees una imagen conmigo.

Cierra los ojos (mejor no, sigue leyendo) y piensa en un cubo blanco. Ese cubo está vacío. Padres blancas, suelo blanco... Ahora tiñe las paredes y el techo de color azul cielo. Un cielo limpio y despejado. A continuación, da color al suelo. Un color marrón y cuarteado. Seco. Muy seco. Imagina un ambiente caluroso, ardiente y dañino.
Bien, estás en mi mente. ¿Alguna vez te has sentido así?

Mi fase post-positividad no está siendo coser y cantar. Estoy hasta el alma de ciertas cosas y romper con ellas no me está siendo nada fácil. Cada vez que cierro una perta que no me llevaba a ningún sitio siento que me pierdo oportunidades que tal vez, con más suerte que la necesaria para la lotería, pudieran reportarme algo positivo. Pero tengo que ser valiente, lo estoy haciendo, lo estoy consiguiendo.

La semana pasada tuve que enfrentarme a una situación que mi súper-positiva-mega-powerful-tazas-molonas, jamás habría conseguido. Me hice respetar cuando en ese ámbito de mi vida acostumbraba a dejarme moldear. Intentaba ser agua, como decía Lee (ese cuyo mantra era sinónimo de conformismo) y me adaptaba al recipiente. Pero al recordar que no quiero ser una inmadura eterna, rompí mis láminas de frases absurdas, y decidí que, en lugar de hacer limonada con los limones que me da la vida, voy a exigir las naranjas que me merezco con el riesgo de quedarme sin fruta. Y, ¿sabes qué? ¡Sorpresa! Me llevé mis naranjas y un zumo de regalo.

Entonces me sentí más fuerte. Y no tuve ni que levantar un dedo, ni siquiera la voz. Solo hacerme oír. Porque pelear por lo que uno quiere no implica batallar para conseguirlo. Antes lo pensaba, igual que pensaba que tenía que entrenarme para hablar en público y leer un montón de manuales cuando, lo único que necesitaba era poner un pie ante otro y hablar. Igual que te hablo a ti. Igual que le hablaría a cada uno de los asistentes en una conversación.

Tomar esas decisiones te cambia de forma irreversible. Te da la fuerza como para cerrar tu facebook y tu linkedin sin remordimientos, pero las cosas que antes te motivaban pierden efecto. Como por ejemplo, esas charlas TED tan inspiradoras. Gracias a ellas aprendí que se puede vivir con lo que cabe en una caja, que puedes conectar con tu hemisferio derecho, que puedes vivir de tus pasiones y que emprender mola un montonazo.

Emmm, perdona que ahora me ría. Porque antes eran mi guía.

No sé si a ti estas charlas te resultan inspiradoras, pero a mí me parecen más monólogos que otra cosa. Me pregunto quién es capaz de vivir con lo que cabe dentro de una caja y a la vez vivir en sociedad, por qué leches hay que conectar con nuestro hemisferio derecho como si estuviera inactivo en las personas normales, quién narices se cree que puedes vivir de su pasión si no le da dinero y si alguno ha escuchado a algún emprendedor al que le haya salido mal.

Cada vez que leas una cita motivadora, recuerda esta.

¿Quién pone en duda a esta gente? Casi nadie. ¿Quién contrasta lo que dicen? Casi nadie. ¿Quién compra sus filosofías o invierte en sus ideas? Millones de personas. Yo. Tal vez tú. 

¿Sabes por qué? Porque quieren que seas agua. Quieren que todos seamos agua y nos adaptemos a cada recipiente en el que la vida pretenda encorsetarnos. Por eso pasamos por ERES, gastamos dinerales en vestidos de novia, aceptamos sueldos más bajos de lo que nos corresponde, compramos lencería de lujo, asumimos convenios firmados por sindicatos corruptos, soñamos con vacaciones como las de los famosos y pedimos un préstamo para ir a la Rivera Maya, nos conformamos con el paro, ansiamos un poquito de ese chocolate de la vaca morada, asumimos nuestra culpa en la cola del paro porque no tenemos más formación (necesitamos máster, títulos propios...) y pagamos para perder los kilos que la vaca morada nos ha hecho ganar.

Dentro de ese corsé cualquier cosa inspira. Todo en ti es mejorable y solo hay un camino para conseguirlo, encajar cada vez más.

Eso es ser agua.
Yo me quedo con mi sequía
.

Se acabaron las reseñas



Ya. Ya se que te he chafado el plan porque lo único que quieres de mí son mis brillantes reseñas. Ya sé que me lees única y exclusivamente por saber lo que opino yo, una lectora cualquiera sin más profesionalidad en la crítica que lo que la educación secundaria me enseñó, sobre las novelas que llegan a mis manos.

Pues lo siento, ya no habrá más reseñas en el blog. Tengo grandes razones de peso.

La primera es que creo que este blog se está muriendo. Ya sé que os hablé de su enfermedad terminal hace más de un año y que he intentado sacarlo a flote a pesar de ello, pero ni el tema, ni la estructura ni el objetivo son buenos. No es un buen blog. No aporta nada. Si me tienes cariño pensarás que estoy equivocada, pero si lo piensas dos veces me darás la razón.

La segunda es que no veo su utilidad. Sabes que he trabajado, con mayor o menor acierto, por hacerle hueco a nuevos autores y promocionar sus escritos desde mis humildes medios, pero no creo que haya conseguido aportarles nada más que una gota de agua en plena sequía. ¿Quiere decir esto que no voy a apoyar a los autores como solía hacer? No. Claro que no. Pero creo que comprándome su novela y escribiendo una opinión en Amazon o Goodreads les ayudo mucho más. 

Por cierto, puedes leer mi opinión sobre la novela de Mara "Regreso a Fronda" haciendo clic aquí. ¿Quieres un resumen? Me lo he pasado como una enana leyendo. Una diversión de ratos libres que me he costeado por  2,99€ -menos que el cine, un vestido o una tableta de chocolate (otras cosas que me entretienen soberanamente)- creo que he salido ganando. 

Si quieres apoyar a un autor, lo mejor que puedes hacer es comprar su novela y contárselo al mundo. No le racanees un ejemplar a la editorial o al autor autopublicado, si de verdad quieres apoyarle gasta esos 3€ y recomiéndaselo a tus conocidos o deja tu valoración y opinión en los portales de compra.
De lo contrario todo lo que hagas por apoyarle (darle a me gusta en redes sociales, por ejemplo) con el tiempo (y con tiempo me refiero a un periodo de entre 24-48 horas), caerá en saco roto.

La tercera, y última razón, es que creo que no le importa a nadie. Algunos llegasteis aquí para saber sobre mis novelas, otros por los consejos para escritores noveles y otros por mis artículos afectados por la psicóloga que soy y que no es capaz de callarse en sus tontos análisis sobre cómo nos engatusan desde la absurda positividad. Sea cual sea la razón por la que visitas mi blog, estoy segurísima de que no es por mis opiniones de libros o películas.