Despropósitos de año nuevo



¿Aún sigues con tus propósitos para el año 2017?

Por primera vez en años puedo decirte que yo sí. Los estudios acerca del tema llevan advirtiéndonos desde diciembre que, más o menos con la llegada de la primavera, la mayor parte de la gente los abandona (y los que no, lo harán en julio). Pero este año, yo seguiré al pie del cañón. Seré la reina de la constancia en mis tareas para conseguir esos objetivos porque este año no me he propuesto ni uno.
Mejorar en inglés, adelgazar, comer más sano, organizarme mejor, hacer manualidades, meditar cada día, viajar más, ahorrar más, ser súper consciente de mis fortalezas y limitaciones, trabajar para conseguir mis sueños....
¿Te suenan de algo? No soy la única que lleva años llenándose la cabeza de pensamientos ilusorios alrededor de un yo ficticio sumamente perfecto (a mis ojos y a los de los demás).

Los mismos estudios dicen que si no los cumplimos es porque somos poco realistas con la calidad y cantidad de nuestras metas, demasiado impacientes con los resultados y muy malos organizándonos. Pero yo creo que si no lo conseguimos es porque no somos realmente conscientes de lo que queremos.

  • Para empezar, lo de que puedes hacer todo lo que quieras es mentira. Ser quién quieras ser, alcanzar el sueño que quieras alcanzar... son falacias capitalistas (y perdona que me ponga política) para tenerte entretenido intentando alcanzar un, llamémoslo, "posado fotográfico" que ni el modelo lo conseguiría sin magia extra. Así, mientras lo intentas y consumes, pensando en ti, en tu yo, en tu persona y tu individualidad, no piensas en el coste de la luz, recortes en ayudas sociales o índices de contaminación. 
  • Por otro lado, menos intenso que el anterior, pero no menos importante, no eres consciente de tu realidad. Hace más de un año escribí una entrada sobre motivación que hace referencia a esto. En resumen, por mucha motivación que tengas hacia un objetivo tienes que ser consciente del tiempo efectivo que puedes dedicar a conseguirlo (si trabajas, cuidas a tu familia y te encargas de la casa, tal vez tus horas de escribir no sean todas las que necesitas para cumplir ese objetivo en un plazo determinado).
    Además del tiempo efectivo, hay otra serie de variables que a todos se nos olvida tener en cuenta. Nos conocemos de sobra a nosotros mismos, pero a veces nos imponemos el ideal con tanto fervor que se nos olvida que, por muy bueno que sea meditar en ayudas, sin un café no eres persona, que por muy sano que sea el ejercicio aeróbico a ti te cuesta horrores y te supone un auténtico suplicio ir al gimnasio, que por muy gratificante que sea restaurar muebles a ti siempre te sale un churro y gastas más tiempo y dinero del que pensabas en algo que irá a la basura...
  • Y, para terminar, reservo el tercer lugar a lo que realmente importa. ¿Te has dado cuenta de que la mayoría de esos objetivos se basan tan solo en ti? Quieres ser mejor en inglés, terminar tus estudios, realizarte en tu trabajo, adelgazar y ser una escritora de éxito. Todo ello porque crees que es lo que quieres, porque crees que es tu sueño, porque crees que te hará más feliz. Y no sabes cuánto te equivocas.

Vamos a hacer un pequeño ejercicio para demostrártelo:
  • Piensa en los días más felices que has tenido en tu vida. 
  • Piensa en los ratos en los que más te has divertido. 
  • Piensa en esas ocasiones que decidiste recordar el resto de tu vida.
¿Estabas sola? Seguro que no. 
  • Y, en esos instantes de felicidad, ¿te servía de algo saber inglés, estar en forma o tener carrera? 
  • Es más, ¿dirías que saber inglés, estar en forma o tener carrera favorecieron la creación de esos instantes?
Ya... Me lo imaginaba...

Rompe la lista de objetivos para este nuevo año y abona ese cultivo de felicidad que tienes disponible. Un poquito cada día y los frutos, esos instantes felices, se darán cada vez con más frecuencia. 

Vida del parado (III)

Via

Como me viene ocurriendo desde que me incorporé al mercado laboral, esta es la época más baja de trabajo. Y aunque sé que en cuanto me necesite, la empresa contará conmigo, en cuanto me pongo la etiqueta de parada, una luz de alarma se enciende en mi cabeza haciendo que las neuronas corran de aquí para allá sin orden ni concierto.

Por esta misma época, hace un año, mi marido también estuvo en paro, y fue como si a la luz de alarma la acompañase un sonido estridente que consiguió que algunos de mis circuitos neuronales se suicidaran en grupo. Estoy segura de que la mayor parte pertenecían la zona más lógica y cabal. Sobra decir que las que me guiaron por aquel entonces eran el resto...

Mi rutina consistía en levantarme a las 7 y tomarme un café bien cargado mientras revisaba las ofertas de empleo del día. Era complicado encontrar alguna que se ajustase a ninguno de nosotros dos (no pertenecemos al mundo de la hostelería y eso en este país te limita muchísimo), así que dediqué dos meses a crear un listado de empresas de nuestra región en las que encajasemos. 

Actualicé los curriculums de la forma más apropiada a las diferentes empresas, destacando ciertas cosas por encima de otras, cambiándolas de lugar, haciendo cartas de presentación... Y todo eso dejándome guiar por los mayores y mejores gurús empresariales, coach para el empleo y sabedores y super expertos por el estilo.

Las tardes las dedicaba a redes sociales como linkedin, rastrear empleos y enviar propuestas por infojobs y cultivarme en blogs de otros expertos que me hablaban sobre mi necesidad de formarme de forma continua si quería encontrar un empleo y de venderme creando una marca personal.

El tercer mes fue el mes de batalla. Planifiqué diferentes rutas basadas en las empresas para recorrer cada rincón de la región dónde, por mínima que fuera la posibilidad, tuvieran nuestro curriculum.

Y acabamos mal. Muy mal.

Nada de lo anterior obtuvo ningún resultado. 

En mi caso, los dos trabajos en los que soy activa por épocas, uno lo encontré porque ya había trabajado en esa empresa antes y decidieron contar conmigo con mi nueva formación; y el otro por la recomendación de una antigua profesora. En el caso de César, por la mera casualidad de entregar el curriculum en el momento adecuado allí dónde se necesitaba. Ni siquiera era un trabajo de su ámbito, no lo habíamos planeado, fue simplemente por pasar por allí. ¿Suerte? Oh, sí. Claro que sí.

¿Quiero decir con esto que toda la planificación y búsqueda de empleo fue inútil? Al 99% sí. 
No te voy a engañar. Me sobraron blogs motivadores, estrategias en la búsqueda de empleo y horas haciendo listados de empresas. Me sobraron todas (toditas, todas) las redes sociales. Me sobraron los super expertos que no solo pretendían darme consejos, sino que, desde su superioridad, se atrevían a decirme que si no encontraba trabajo era por mi culpa, porque no buscaba bien, porque era poco empleable o poco flexible, culpa mía porque no me gastaba lo que no tenía en emprender  y empezar un negocio tan exitoso como ellos.

Tengo mucha rabia contenida hacia esos gurús. No sé que leches se creen, en serio. No sé que leches se cree nadie para aleccionar o juzgar a otras personas haciéndoles sentir el origen de cualquier tipo de problema que les haya alcanzado. Son capaces de cargarse el poco amor propio que nos queda a los parados cuando sentimos que no somos nada para esta sociedad, que no tenemos nada que aportar o que no servimos ni para trabajar.

Y si me han hecho sentir así a mí, no quiero ni pensar cómo pueden hacer sentir a esas personas de las que depende el sustento familiar, que tienen a otros a su cargo y que la vida no les ha sonreído tanto como para permitirse, si quiera, haber estudiado más allá de la educación primaria.

¡Qué valiente es hablar desde Linkedin! Qué divertido escribir artículos sobre moldearte y ser más empleable cuando tu empresa te despide porque está contratando exclusivamente a gente con algún tipo de minusvalía. Supongo que su consejo entonces, será que te conviertas en alguien más empleable provocándote una lesión permanente. Entonces encajarás. A empleable y flexible no te gana nadie.

Si estás buscando empleo, o intentando orientar tu futuro, huye de este tipo de webs. Si quieres emprender, ponte en manos de un buen asesor o acude a las escuelas de emprendedores de tu región (con esto de la crisis, es raro la ciudad que no tiene un semillero de empresas montado). Y si lo que quieres es buscar empleo hazlo de la forma tradicional o adaptándote a la vida 2.0 de una forma real, palpable. Haz un buen curriculum, que no sea nada extenso, y llévalo en mano a las asociaciones, empresas o tiendas en las que quieras trabajar. Envíalo a través de formularios o email a las propias empresas (nada de enviar por infojobs tu candidatura, envíale tu curriuculum a la fuente de forma directa). 

Pero sobre todo, lo más importante, no te olvides de decirle a toda la gente de tu entorno que estás buscando empleo. Desde tu tío a la vecina del tercero tan cotilla. Nunca subestimes las redes sociales de la vida real. Cada uno de nosotros conoce a un número variable de personas entre las que puede encontrarse alguien interesado en ti (¿y si la sobrina de tu vecina tiene una peluquería y necesita a alguien de refuerzo el fin de semana? Te llamará a ti antes de plantearse si quiera poner una oferta de empleo).

No olvides que todos estamos deseosos de ayudar. La gente, en esencia y en un alto porcentaje, es buena. Está deseando ayudarte y que le debas un favor o una caja de bombones. 

Y si no me crees, piensa en qué harías tú, ¿me ayudarías comprando Orquídea Blanca I para que pueda financiar la segunda y última entrega? Sé que sí, porque lo has hecho. Y no sabes cuán agradecida te estoy por ello.

Este verano, me dieron una noticia que consiguió ayudarme a fundir las luces de alarma de mi cabeza. En una librería de esas librerías que tanto me apoyan, se vendieron unos cuántos ejemplares de lectores deseosos de sangre y magia.  Sin que yo hiciera absolutamente nada (ni promoción, ni truñir a nadie por las redes sociales, ni pasearme por festivales de letras) esa librera me recomendaba a gente que quería algo entretenido que leer a la orilla del mar. La mayor sorpresa la encontré cuando, con el segundo pedido de ejemplares, me comentó que algunos lectores volvían a comprar la segunda parte.

Tendré que aprovechar ahora, que esas alarmas de mi cabeza han cesado, para concentrar mi tiempo y mis fuerzas en no decepcionarles. Que esa segunda parte sea para ellos, y para ti, una forma de agradecer lo mucho que me habéis dado.



Domingos y sabor a café


Via

Los domingos siempre han sido un día especial en mi vida.

Recuerdo madrugar, durante mi infancia, y devorar con ansias un desayuno de leche manchada con café para ir al catecismo. Me encantaba ir a ese lugar donde niños de diferentes edades nos reuníamos para entender la caridad y el amor al prójimo que nunca aplicábamos. Para mí era muy divertido, como ir al colegio, pero sin lo malo de ir al colegio. 

Los diferentes grupos, con sus diferentes catequistas, nos solíamos turnar para hacer de monaguillos cada domingo (leer ante esa cantidad de gente, pasar la cesta y cantar sin desafinar era una gran responsabilidad). Pero lo mejor venía al salir de la iglesia e ir corriendo al kiosko a gastarnos los 20 duros de paga en chucherías y cromos.

Después llegó la adolescencia, y con ella mi sentimiento creciente como agnóstica. Los domingos se convirtieron en tardes entre las dunas de la playa, maratones embrujadas o paseos al rededor del pantano, junto a mis mejores amigas. Era el día de reflexión y mucho café, para charlar sobre las conquistas o cotilleos del día anterior en la discoteca. 

Así hasta que alguien muy especial llegó a mi vida y supe que no me importaría que ocupase mis domingos hasta la eternidad. De algún modo, se fue adaptando a cada uno de mis días aunque fuera más de colacao que de cafeína.

Y, poco a poco, a medida que maduraba, los domingos amanecía con varias tazas y charlas con mi madre, continuaba por comidas en familia y terminaba perdida entre libros y una taza de café en mis manos.

El domingo, para mí, es un día relajante con sabor a café. Las buenas charlas, mis mejores ideas y los mundos que visito a través de las letras, saben a café. 


Tal vez por eso el domingo evoque café y el café al domingo.

Tal vez por eso este brebaje tan amargo a mí me resulta tan dulce. 

Tal vez por eso me gusten tanto como a ti las Chicas Gilmore.


No sé si compartes esta afición insana conmigo, pero seguro que conoces a alguien que tan adicto como yo. Cada vez que esa persona te invite a tomar un café, ni se te ocurra rechazarlo y recuerda lo he escrito. Si alguna vez te invito a café, te estoy invitando a entrar en mi domingo.